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GNOSEOLOGIA – TEXTOS 2

TEXTO 5

DESCARTES, R. Meditaciones metafísicas. Buenos Aires, Aguilar, 1964

“Lo que me parece que ahora he de tratar especialmente es el hecho de que encuentro en mí innumerables ideas de ciertas cosas que, aun cuando tal vez no existan fuera de mí, no se puede decir por ello que no sean nada; y aunque las piense a mi arbitrio no las invento yo, sino que tienen una naturaleza verdadera e inmutable. Cuando, por ejemplo, me ima­gino un triángulo, aunque quizá tal figura no exista fuera de mi pensamiento en ninguna parte, posee sin embargo una determinada naturaleza, o esencia, o forma inmutable y eterna que ni ha sido creada por mí, ni depende de mi mente; como se evidencia del hecho de que se puedan demostrar varias propiedades de este triángulo, a saber, que sus tres ángulos son iguales a dos rectos, que el máximo ángulo está colocado junto al máximo lado, y otras semejantes que he de reconocer quiera o no, aunque no haya pensado sobre ellas an­tes de ningún modo cuando me imaginé el triángulo, ni en consecuencia las haya yo in­ventado.

No es una objeción decir que la idea de “triángulo” procede quizá de las cosas externas mediante los órganos de los sentidos, por haber yo visto varias veces cuerpos con forma triangular, ya que puedo en efecto imaginar otras innumerables figuras en las que no puedle caber la sospecha de que me hayan venido por los sentidos, y demostrar, sin embargo,sus varias propiedades del mismo modo que en el triángulo, todas las cuales son ciertas desde que las conozco claramente (…)”

TEXTO 6

LOCKE, J. An essay concerning human understanding. New York, Collier Books, 1965

“Hay una opinión establecida entre algunos hombres de que en el entendimiento existen ciertos principios innatos, ciertas nociones primarias, ciertos caracteres impresos en la mente humana que el alma recibe al ser creada y que trae del mundo consigo (…). En pri­mer lugar, es evidente que ni los niños ni los idiotas tienen la menor aprehensión o pensa­miento de ellas y el saber esto es suficiente para destruir el asentimiento universal (a dichas verdades) que es el concomitante necesario de todas las verdades innatas, dado que me parece cercano a la contradición afirmar que hay verdades impresas en el alma que esta no percibe o entiende(…) Porque imprimir algo en la mente sin que esta lo perciba o entienda (…) me parece algo poco inteligible. Si, pues, los niños y los idiotas tienen almas, mentes, con esas impresiones sobre ellas, necesariamente deben percibirlas y necesariamente saber y asentir a esas verdades; puesto que no lo hacen, es evidente que no hay tales impresio­nes. Ya que si no son nociones impresas naturalmente ¿ cómo pueden ser innatas? Y si son nociones impresas, ¿cómo pueden ser desconocidas? (. . .) Muchas veces se responde que los hombres las conocen cuando llegan al uso de la razón ( .. .) [pero] esta respuesta puede querer decir o bien que cuando los hombres llegan al uso de la razón esas inscripciones supuestamente innatas pasan a serIes conocidas o bien que el uso y ejercicio de la razón hu­mana los asiste para descubrir esos principios y por cierto los hace conocer (…) Coincido con los que defienden los principios innatos en que no hay conocimiento de ellos ( .. .) has­ta llegar al uso de la razón, pero niego que el uso de la razón marque el momento pr­eciso en que se los descubre y, aunque así fuera, niego que esto pruebe que son innatos.

TEXTO 7

LEIBNIZ,G. Noveaux Essais

“Los que hablan tanto de esta tabla rasa, después de haberle sacado las ideas, no sabrían decir qué le queda (…). Se me responderá quizá que esa tabla rasa de los filósofos significa que el alma, natural y originariamente, solo tiene facultades que son puramente potencia­les (como dirían los escolásticos) sin ningún acto, pero estas no son más que ficciones, que no se dan en la naturaleza sino que se obtienen por abstracción (…). La experiencia es ne­cesaria, lo confieso, para que el alma sea llevada a tales o cuales pensamientos y para que ella advierta las ideas que hay en nosotros, pero ¿por qué medio pueden idear la experien­cia y los sentidos? ¿El alma acaso tiene ventanas, se asemeja a tablillas, es como la cera? Es visible que todos los que piensan así del alma en el fondo la suponen corpórea. Se me opon­drá este axioma recibido de los filósofos [empiristas]: ‘Nada hay en el alma que no proven­ga de los sentidos’. Pero es necesario exceptuar al alma y sus afecciones. Nada está en el in­telecto que no haya pasado por los sentidos, nada excepto el intelecto mismo. Ahora bien, el alma encierra en sí misma el ser, la sustancia, lo uno, lo mismo, la causa, la percepción, el razonamiento, y cantidades de otras nociones que los sentidos no sabrían damos.

TEXTO 8

HUME, D. An enquiry concerning human understanding. Chicago, The Open Court Publishing Company, 1958

“Es necesario que investiguemos cómo llegamos al conocimiento de la causa y el efecto. Osaría afirmar como una proposición general que no admite excepciones que el conocimiento de esta relación no se obtiene, en ningún caso, por razonamientos a priori, sino que nace enteramente de la experiencia cuando encontramos que ciertos objetos particulares están en conjunción constante el uno con el otro (…)

El espíritu no puede jamás, sin duda, encontrar el efecto en la causa que se ha supuesto mediante el análisis y el examen más precisos. Porque el efecto es totalmente diferente de la causa y, por ende, no se lo puede descubrir jamás en ella. El movimiento de la segunda bola de billar es un suceso distinto del movimiento de la primera; no hay nada en uno que sugiera la mínima indicación sobre el otro. Una piedra o un pedazo de metal a los que se eleva en el aire y se deja sin apoyo caen inmediatamente; pero considerando la cuestión a priori ¿descubrimos algo en esta situación que pueda engendrar la idea de una caída más que la de una elevación o la de cualquier otro movimiento, en la piedra o en el pedazo de metal? (…) De causas que parecen semejantes esperamos efectos semejantes.

Todas las veces que la repetición de una operación o de un acto particular produce una tendencia a renovar el mismo acto o la misma operación sin el impulso de ningún razonamiento o progreso del entendimiento, decimos (. . .) que esa tendencia es un efecto del hábito. Al emplear esa palabra no pretendemos haber dado la razón última de esa tendencia. Designamos solamente un principio de la naturaleza humana, universalmente reconocido y bien conocido por sus efectos (…) Con seguridad tenemos ( . .) una verdad cuando afirmamos que después de la conjunción constante de dos objetos –calor y llama, por ejemplo, o peso y solidez- nos vemos llevados, solo por el hábito, a esperar uno cuando aparece el otro. Parece que esta hipótesis es la única que explica la dificultad. ¿Por qué extraemos de mil casos una conclusión que éramos incapaces de extraer de un solo caso que no difiere en ningún aspecto de los anterio­res? La razón es incapaz de variar de semejante manera. Las conclusiones que extrae al considerar un círculo son las mismas que obtendría examinando todos los círculos del Universo. Pero si no se ha visto más que un cuerpo moverse por el impulso de otro, nadie podrá inferir que cualquier otro cuerpo se moverá por un impulso análogo. Todos las conclusiones que se obtienen por la experiencia son, pues, efectos del hábito y no efectos del razonamiento.

Así, el hábito es el gran guía de la vida humana. Es este único principio el que hace que nuestra experiencia nos sirva; es él solo el que nos hace esperar en el futuro una serie de acontecimientos semejantes a los que han aparecido en el pasado. Sin la acción del hábito, ignoraríamos completamente toda cuestión de hecho, fuera de lo que está inmediatamente presente a la memoria y a los sentidos. No sabríamos jamás cómo ajustar los medios en vista a los fines ni cómo emplear nuestros poderes naturales para producir un efecto. Sería a la vez el fin de toda acción y de casi todas las especulaciones. ¿Cuál es, pues, la conclusión de todo eso?. Es simple aunque, debemos confesar, bastante alejada de las teorías filosóficas comunes. Toda creencia en una cuestión de hecho o en una existencia real deriva simplemente de algún objeto presente a la memoria o a los sentidos y de una conjunción habitual entre ese objeto y algún otro. O, en otros términos, habiéndose encontrado, en muchos casos, que dos tipos cua­lesquiiera de objetos –llama y calor, nieve y frío- han estado siempre juntos, si la llama o la nieve se presentan a los sentidos, el espíritu es llevado por el hábito a esperar el calor o el frío, y a creer que esa cualidad existe y que se la descubrirá si uno se aproxima más. La creencia surge nuevamente porque el espíritu se encuentra en esas circunstancias. Es una operación del alma tan inevitable, cuando estamos en esa situación, como lo es entir amor cuando nos hacen bien y odio cuando nos dañan. Todas esas operaciones están entre los instintos naturales, que ningún razonamiento podrá jamás producir o evitar.”

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GNOSEOLOGIA – TEXTOS 1

TEXTO 1

LOCKE, J. An essay concerning human understanding. New York, Collier Books, 1965

“Puesto que es el entendimiento lo que coloca al hombre por encima del resto de los se­res sensibles y le da toda la ventaja y todo el dominio que tiene sobre ellos, es ciertamente una tarea valiosa realizar una investigación sobre él. El entendimiento, como el ojo, mien­tras nos hace percibir todas las cosas, no toma conciencia de sí y se requiere arte y esfuer­zo para colocarlo a distancia y convertirlo en su propio objeto. Pero cualesquiera sean las dificultades que se encuentren en el camino de esta investigación ( .. .) estoy seguro de que (. .. ) todos los conocimientos que podemos adquirir respecto de nuestro propio entendimien­to no solo nos resultarán muy placenteros, sino que también nos darán grandes ventajas para dirigir nuestros pensamientos en busca de las otras cosas.

Es, pues, valioso investigar cuáles son los límites entre opinión y conocimiento y examinar qué medidas deberíamos adoptar con respecto a las cosas de las que no tenemos conocimiento cierto para regular nuestro asentimiento y moderar nuestras persuasiones. Para ello seguiré el siguiente método: investigaré el origen de esas ideas (. . .) que el hombre tiene en su mente y los modos en que el entendimiento las obtiene; 2º trataré de mostrar qué conocimiento tie­ne el entendimiento mediante esas ideas y su certeza, evidencia y alcance; investigaré la na­turaleza de la creencia y la opinión, lo que significa para mí el asentimiento que damos a una proposición, considerándola verdadera sin que tengamos conocimiento cierto de su verdad. “~

“He usado [el término “idea”] para expresar el significado de fantasmas, nociones, es­pecies [es decir] para designar todo objeto que está en el entendimiento cuando un hombre piensa [o dicho de otro modo] todo aquello que la mente puede emplear para pensar. Supongo que nadie cuestionará que existen esas ideas en la mente humana; todos somos conscientes de las que tenemos nosotros, y las palabras y acciones de los otros dejan su­poner que también tienen ideas.”

TEXTO 2

LOCKE, J. An essay concerning human understanding. New York, Collier Books, 1965

“Supongamos, pues, que la mente es un papel en blanco, vacío de caracteres, sin ideas, cómo las obtiene? ( .. ) A esto respondo con una palabra: de la experiencia; en ella se fun­damenta todo nuestro conocimiento y de ella deriva en última instancia ( . .) Son dos las fuentes de conocimiento de las que surgen todas las ideas que tenemos o que podemos tener: primero, nuestros sentidos, que actúan sobre objetos sensibles particulares llevando a la mente varias percepciones distintas de las cosas de acuerdo con los modos en que los ob­jetos las afectan; y así llegamos a las ideas de amarillo, blanco, color, frío, suavidad, amargura, dulzura, etc., y todas las que llamamos cualidades sensibles ( . .) Esta gran fuente de la que extraemos la mayoría de nuestras ideas y que depende totalmente de los sentidos y de su acción sobre el entendimiento se llama ‘sensación ‘. En segundo lugar, hay otra fuente a partir de la cual la experiencia provee al entendimiento de ideas, que es la percepción de las operaciones de nuestra propia mente que se realizan sobre las ideas que ha adquirido, operaciones que, cuando el alma reflexiona sobre ellas y las considera, pro­porcionan al entendimiento otro conjunto de ideas que no se habrían podido tener sin las cosas, y esas operaciones son percepción, pensamiento, creencia, razonamiento, conocimiento, volición y las diferentes acciones de nuestras propias mentes, de las que somos conscientes, que observamos en nosotros y de las que formamos ideas distintas, como ocurre con los cuerpos que afectan nuestros sentidos. Esta fuente de ideas está íntegramente en cada hombre; y aunque no haya un sentido para captarlas, pues no tiene nada que ver con los objetos exteriores ( . .) podría llamársela ‘sentido interno ‘. Pero como llamé a la otra ‘sensación’, llamaré a ésta ‘reflexión’, ya que las ideas que se forman a partir de ella son las que la mente obtiene reflexionando sobre sus propias operaciones; cuando estas ideas simples son ofrecidas a la mente, el entendimiento no puede rehusarse a tenerlas ni alte­rarlas cuando se imprimen, ni borrarlas y formar otras por sí mismo, del mismo modo que un espejo no puede rehusarse a recibir las imágenes de los objetos que están delante de él ni puede alterarlas o borrarlas.”

“Llamaré ‘idea’ a todo lo que la mente percibe en sí misma, o sea el objeto inmediato de percepción, pensamiento o comprensión, y al poder de producir cualquier idea en nuestra mente lo llamaré’ cualidad’ del objeto en el que se encuentra ese poder. Así, una bola de nieve tiene el poder de producir en nosotros las ideas de blanco, frío y redondo; llamo cua­lidad’ al poder de producir esas ideas en nosotros tales como están en la bola de nieve y las llamo ‘ideas’ en tanto son sensaciones y percepciones de nuestro entendimiento ( . .) Las cualidades así consideradas en los cuerpos son de dos tipos, a saber: 1°) Las que son absolutamente inseparables del cuerpo, sea cual fuese su estado, que se mantienen en forma ­constante, pese a todos las alteraciones y cambios que pueda sufrir aquel y toda la fuerza que se ejerza sobre él; y que encuentran constantemente nuestros sentidos en cada partícu­la de materia que tenga tamaño suficiente para ser percibido ( . .). Por ejemplo, tómese’ grano de trigo, divídaselo en dos partes; cada parte tiene todavía solidez, extensión, figura y movilidad; divídaselo de nuevo y quedan todavía las mismas cualidades; divididas hasta que los partes se vuelvan imperceptibles; cada una de ellas debe seguir reteniendo todas esas cualidades ya que la división ( . .) nunca puede retirar solidez, extensión, figura, movilidad de un cuerpo cualquiera sino solo convertirlo en dos o más masas distintas se­paradas de materia; las cuales, reconocidas como tantos cuerpos distintos después de la división, forman un cierto número. A estas las llamaré cualidades ‘originarias’ o ‘primarias’ del cuerpo ( . .) (y producen en nosotros) muchas ideas simples, por ejemplo, sol, extensión, figura, movimiento o reposo y número. 2°) Las que, en verdad, no son nada de los objetos mismos sino poderes para producir varias sensaciones en nosotros por sus cualidades primarias, por ejemplo, por el tamaño, figura, textura y movimiento de sus partes insensibles producen colores, sonidos, sabores, etc.; llamaré ‘secundarias’ a estas cualidades. Si los objetos externos no se unen a nuestra mente cuando producen ideas en esta y sin embargo percibimos las cualidades originarias como tales en cuanto caen bajo nuestros sentidos, es evidente que debe transmitirse (a partir de los objetos) cierto movimiento que a través de los nervios ( . .) llega al cerebro, asiento de las sensaciones, para producir allí las ideas de las cualidades originarias en nosotros ( . .) Del mismo modo deben producirse las ideas de las cualidades secundarias: por la acción de partículas insensibles sobre nuestros sentidos.

Las ideas de las cualidades primarias de los cuerpos son semejantes a estas últimas y sus modelos existen realmente en los cuerpos mismos mientras que las ideas producidas en nosotros por las cualidades secundarias no tienen semejanza alguna con ellas; son en los cuerpos solamente un poder de producir esas sensaciones en nosotros y lo que es dulce, ­azul o tibio en tanto idea no es sino un cierto tamaño, figura y movimiento de las partes insensibles de los cuerpos”

TEXTO 3

BERKELEY, G. A treatise concerning the principles of human knowedge. New York, The Liberal Art Press, 1957

“Hay algunos que distinguen entre cualidades primarias y secundarias, por las primeras quieren indicar extensión, figura, movimiento, reposo, solidez o impenetrabilidad y número; con las últimas denotan todas las otras cualidades sensibles tales como colores, sonidos, etc. Reconocen que las ideas que tenemos de estas últimas cosas no son similares a cosas que existen fuera de la mente, pero todavía sostienen que las cualidades primarias son imágenes de cosas que existen fuera de la mente (. . .) Añadiré que, de la misma mane­ra en que los filósofos modernos prueban que ciertas cualidades no existen fuera de la men­te, se puede probar que lo mismo ocurre con todas las cualidades. Así por ejemplo, se dice que calor y frío son (. . .) [subjetivos] ya que un mismo cuerpo puede parecer cálido a una mano y frío a la otra. Ahora bien, ¿por qué no podemos argumentar del mismo modo res­pecto de la figura y la extensión ( .. .) puesto que ante el mismo ojo y en diferentes circuns­tancias y ante ojos diferentes en las mismas circunstancias [esas cualidades] varían y por lo tanto, no pueden ser imágenes de algo determinado que esté fuera de la mente?

“Filonús: ¿No has reconocido que ninguna propiedad inherente a un objeto puede cambiar sin un cambio en la cosa misma?

Hilas: Lo he reconocido.

Filonús: Pero cuando nos aproximamos o alejamos de un objeto, la extensión visible va­ría, siendo a una distancia 10 a 100 veces mayor que a otra. ¿No debe seguirse, por con­secuencia, de aquí también, que no es realmente inherente al objeto?

Hilas: Confieso que no sé qué pensar .

Filonús: Tu juicio se determinará pronto si te atreves a pensar tan libremente con res­pecto a esta cualidad como lo has hecho con respecto a las otras. ¿No fue admitido como un argumento válido que ni el calor ni el frío se hallaban en el agua, puesto que esta parecía caliente a una mano y fría a la otra? .

Hilas: Lo fue.

Filonús: ¿No es el mismo razonamiento concluir que no existe extensión o figura en un objeto porque a un ojo aparece pequeño, suave y redondo mientras que al mismo tiempo aparece al otro grande, desigual y anguloso?

Hilas: El mismo. Pero ¿puede suceder alguna vez este último hecho?

Filonús: Puedes hacer el experimento cuando te agrade, mirando con un ojo sin dispositivo alguno y con el otro a través de un microscopio.”

TEXTO 4

BERKELEY, G. A treatise concerning the principles of human knowedge. New York, The Liberal Art Press, 1957

“Es evidente, para cualquiera que investigue los objetos del conocimiento humano, que son ideas impresas realmente en nuestros sentidos o percibidas al considerar las pasiones y las operaciones de la mente o bien ideas formadas con la ayuda de la memoria y la ima­ginación por composición, división o mera representación de aquellas que se percibieron originariamente. Por la vista tengo ideas de luz y colores con sus diversos grados y varia­ciones. Por el tacto percibo lo duro y lo blando, el calor y el frío, el movimiento y la resis­:encia; y estos a su vez en mayor o menor cantidad o en mayor o menor grado. El olfato me proporciona olores; el paladar sabores y el oído lleva a mi mente sonidos en toda su va­riedad de tono y composición. Y como muchas de estas acompañan a otras, como se advier­te en la observación, se les aplica un solo nombre y se las considera una sola cosa. Así, por ejemplo, cierto color, sabor, olor, figura y consistencia que se han observado juntos son con­siderados como una cosa distinta a la que se designa con el nombre de ‘manzana’; otras colecciones de ideas constituyen una piedra, un árbol, un libro y objetos sensibles similares, los que, en tanto son agradables o desagradables, excitan las pasiones de amor, odio, alegría, dolor y así sucesivamente. Pero además de esta infinita variedad de ideas u objetos de conocimiento, hay algo que las percibe o conoce y que ejerce diversas operaciones, tales como quererlas, imaginarIas, recordarlas. Este ser activo, percipiente, es lo que llama­mente, espíritu, alma ó yo. Con esas palabras no denoto ninguna de mis ideas sino una cosa enteramente distinta de éllas, en la cual existen o, lo que es lo mismo, donde son percibidas, ya que la existencia de una idea consiste en ser percibida.

Todo el mundo admitirá que ni nuestros pensamientos ni nuestras pasiones ni nuestras ideas formadas por la imaginación existen fuera de la mente. Y me parece no menos evidente que las diversas sensaciones o ideas impresas en la sensibilidad, por más ligadas o com­binadas que estén, no pueden existir de otro modo que en una mente que las percibe. Pien­so que podrá extraer de esto un conocimiento intuitivo el que atienda al significado del término “existe” aplicado a las cosas sensibles. Yo digo que existe la mesa sobre la que escribo, esto es, que la veo y la siento y que si estuviera fuera de mi escritorio diría que existió, esto, a su vez, quiere decir que si estuviera en mi escritorio podría percibirla, o que algún otro espíritu la percibe realmente. “Hay un olor” significa que se lo ha olido; “hay un sonido” es decir que ha sido oído, “hay un color o una figura” es decir que se los ha visto o tocado. Esto es todo lo que puedo entender con esas expresiones. Su esse es percipi; no es posible que tengan existencia fuera de las mentes o seres pensantes que las perciben (. . .)

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