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Malvinas. Para pensar la soberanía

La soberanía argentina en las Islas Malvinas y el Atlántico Sur es un reclamo de larga data en la historia argentina. Reflexionar al respecto permite abrir preguntas sobre el lugar del tema Malvinas en el imagina­rio nacional y sobre la nueva realidad regional sudamericana.

 

Hablar de Malvinas invita a detenerse en la idea de soberanía, en la posibilidad de pensar de forma autónoma y actuar en concordancia, es decir: en el signi­ficado de ser libres. Cuando se trata de las naciones, la soberanía se relaciona tanto con la defensa del territorio y sus riquezas naturales, económicas, cultura­les y sociales, como con la capacidad de sus pobladores de asumir decisiones propias. Así, el ejercicio de la soberanía es un derecho de los pueblos libres a habitar y gobernar el territorio de su nación.

 

El reclamo del ejercicio de la soberanía en las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, se sustenta en diversas razones que apuntan a señalar que la ocupación britá­nica es una usurpación, producto de una política imperialista que hace posible que aún hoy, tras dos siglos de independencia de las naciones sudamericanas, subsista en la región un enclave colonial.

Los argumentos argentinos para afirmar la soberanía tienen varías dimen­siones. En primer lugar, están los argumentos geográficos: las islas forman parte de la plataforma continental de la Argentina y, además, la proximidad de las Islas Malvinas respecto al territorio continental es evidente en contraste con la distancia que existe entre éstas y Gran Bretaña. Este argumento cobra mayor relevancia en la actualidad, debido a los recursos naturales que hay en la región, y a que es una puerta de entrada a la Antártida.

En segundo lugar, están los argumentos históricos. Los territorios fueron heredados de España, luego de declarada la Independencia, tal como ocurrió con el territorio continental argentino. Los sucesivos gobiernos patrios mostra­ron interés en sostener la soberanía de las islas. La prueba política más sobre­saliente de esto fue el nombramiento de Luis María Vernet como comandante militar de las Malvinas en Puerto Soledad, quien estuvo al frente del cargo des­de el 10 de junio de 1829.

Por último, están los argumentos jurídicos. La Argentina jamás renunció a sus derechos, encaró reclamos diplomáticos y pacíficos permanentes -que sólo se interrumpieron durante los 74 días que duró la guerra- y obtuvo el pro­nunciamiento favorable de organismos internacionales como la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Hacia la década del 60 del siglo XX, la cuestión Malvinas cobró un giro impor­tante en la agenda internacional. En el marco del proceso de descolonización de las naciones abierto por la independencia de los países africanos, el 14 de diciembre de 1960 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 1514 (XV), titulada como “Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales”. Allí proclamó “la necesidad de poner fin, rápida e incondicionalmente, al colonialismo en todas sus formas y manifestaciones”, consagrando dos principios fundamentales que debían guiar la descolonización: el de autodeterminación y el de integridad territorial.

En este marco, los británicos pretendían que para la cuestión Malvinas se apli­cara el principio de la autodeterminación. La Argentina rechazó este planteo y sostuvo que debía primar en cambio el principio de la integridad territorial. Para la Argentina, el principio de autodeterminación no era válido en este caso, ya que la especificidad de la cuestión de las Islas Malvinas reside en que el Reino Unido ocupó las islas por la fuerza en 1833, expulsó a su población originaria y no per­mitió su retorno, vulnerando la integridad territorial argentina. Por este motivo, la aplicación del principio de autodeterminación por parte de los habitantes de las islas causaría el “quebrantamiento de la unidad nacional y la integridad territorial” de la Argentina.

En la cuestión de las Islas Malvinas, la Asamblea General de las Naciones Unidas apoyó el planteo argentino. Así quedó establecido en la resolución 2065 (XX) de 1965, ratificada posteriormente por otras resoluciones en 1973 (3160, XXVIII), 1976 (31/49), 1982 (37/9), 1983 (38/12), 1984 (39/6), 1985 (40/21), 1986 (41/40), 1987 (42/19) y 1988 (43/25), donde Naciones Unidas acepta la aplicación del principio de integridad territorial, pues sostiene que en el conflicto por Malvinas sólo hay dos partes en la disputa de soberanía, la República Ar­gentina y el Reino Unido, por lo que su resolución debe ser tratada de manera bilateral entre ambos países, para llegar a un acuerdo diplomático que tenga en cuenta tos intereses y no los deseos de la población de las islas.

La cuestión de la soberanía, tema central de la disputa, sigue siendo un re­clamo persistente de la Argentina. La voluntad política argentina se expresa en s Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional de 1994, que expresa: “La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional. La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la sobera­nía, respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme a los principios del Derecho Internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino”.

Además, el reclamo argentino cuenta a su favor con la solidaridad latinoame­ricana que se manifestó en los pronunciamientos del MERCOSUR, la UNASUR y la CELAC.

Muchos de los pronunciamientos hicieron foco en repudiar la exploración y explotación de recursos naturales renovables y no renovables en la plataforma continental argentina que desarrolla el Reino Unido. También se comprome­tieron a impedir el ingreso a sus puertos de embarcaciones que enarbolen la bandera ¡legal de las islas y expresaron su repudio a los ejercicios militares británicos en las Islas Malvinas.

Estos acuerdos se basan en la creencia de que la unión de los países de la región es condición de posibilidad para el ejercicio de la autodeterminación de los pueblos del continente frente a cualquier acción que lesione la integridad territorial -o de otra índole- por parte de las grandes potencias mundiales.

 

Presidencia de la Nación. Ministerio de Educación. 2 de abril de 2012. Cuadernillo para docentes de Escuela Secundaria. Pag 17 a 19

 

 

 

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Trabajo practico Historia y Educacion Civica

Trabajo practico de Historia y Educación Cívica                               Profesores: Silvia Pando – Gabriel Vanrrel

 

Tema: “La Democracia: Origen y evolución. Respeto por los Derechos”.

Características e indicaciones para los alumnos

Este trabajo fue pensado para que ustedes puedan relacionar y trabajar con temas , textos  e información desde la óptica de dos asignaturas diferentes pero que tienen intima relación para la construcción del conocimiento.

Les proponemos entonces la elaboración de un trabajo de investigación grupal  ( 5 ó 6 alumnos) que deberá  responder  a las siguientes consignas:

  • Lectura y análisis (identificar ideas principales y secundarias) de los textos indicados
  • Búsqueda de información complementaria en los libros de textos de ambas asignaturas
  • Búsqueda de información complementaria en otros libros de texto de primer año de Historia y Educación Cívica, enciclopedias, Internet, etc.
  • Elaboración de texto informativo donde se consigne  con una redacción propia (sin copiar textualmente)  y ordenada ( con títulos y subtítulos según consideren pertinente ):

–                     origen y evolución de la democracia enla Greciaantigua

–                     características de la democracia en la actualidad

–                     respeto por los derechos (civiles, políticos, sociales) en la antigua Grecia a partir del análisis de la vida cotidiana en Atenas y Esparta

  • Elaboración de cuadro sinóptico sobre la organización  política de Atenas y Esparta
  • Elaboración de cuadro comparativo sobre las características de la democracia ateniense y la democracia actual enla Republica Argentina
  • Aporte de ilustraciones  que enriquezcan el trabajo y que tengan sentido para los temas planteados
  • Elaboración de una mapa de Grecia Antigua, con la ubicación de ciudades importantes como Atenas y Esparta, mares, regiones y todo aquello que consideren importante para el trabajo que están realizando. Será mejor evaluado un mapa elaborado por los alumnos que una fotocopia o bajada de Internet.

El mismo será presentado de la siguiente manera:

                Extensión: 11 hojas de las cuales  mínimo 5,  máximo 6  hojas, deben ser de redacción  

                Tamaño de hoja: A 4

                Márgenes: Simétricos . Superior =3 cm.  Inferior =2 cm. Izquierdo= 2,5. Derecho =1,5 cm

                Fuente: Arial 12 puntos,  color automático

                Párrafos: interlineado1.5 . Sangría en 1ª línea1,25 cm.

                Encabezado: según el siguiente esquema en primera hoja:  Titulo del trabajo; apellido y nombre de los

                integrantes del grupo ( ordenados alfabéticamente );  Año y División; Asignaturas y  apellido y nombre de los

                profesores a los que se le presenta el trabajo. Colegio. Fecha de entrega

                 Fuentes y Bibliografía consultada : al final de trabajo, consignando: apellido y nombre del/los autores; titulo ;  

                 lugar editorial y año; paginas consultadas. ( Ver como se citó la bibliografía indicada). Las páginas web se

                 consignan de manera completa para poder ser consultadas por los profesores. En los periódicos y

                 Enciclopedias no se consignan autores.

Fecha de entrega: viernes 23 de septiembre de 2011

Evaluación: Será evaluado por ambos profesores y se le asignará la misma nota para promediar en ambas materias para el tercer trimestre.

Los aspectos a evaluar serán:

–                     Presentación general del práctico

–                     Elaboración y redacción del texto informativo

–                     Elaboración y presentación de los cuadros sinóptico y comparativo

–                     Presentación y pertinencia de la cartografía y las ilustraciones

Bibliografía y fuentes optativas:

  • Libros de texto de 1er año (Historia, Cívica, Ciencias sociales). Pueden consultar los que  han sido citados en la selección de textos
  • Enciclopedias
  • Paginas Web
  • Textos en general (novelas, mitos, leyendas, de divulgación general, etc)
  • Periódicos, revistas y publicaciones varias

 

Bibliografía Obligatoria:

KITTO, H. D. F.; Los griegos”. Buenos Aires, Eudeba; 13. ed.; 1982 págs.303 a 332 del capitulo XII: “Vida y carácter”

ALONSO , ELISALDE, VÁZQUEZ; Historia: La antigüedad y la sociedad feudal; Buenos Aires. Aique, 1994.

DANERI Alicia y otros; Historia 1: El Mundo Antiguo y la Edad Media; Buenos Aires. Ed. Santillana. 1996.

URRESTI, DE LUCA Y OTROS. “ Educación Cívica 1”  Buenos Aires, Santillana, 2008

ALONSO, BACHMAN y CORREALE. Educación Ética. Repensando la educación cívica. Bs As.Troquel.1996

NOTA: El texto de F. Kitto y cualquier otro material que puedan requerir está a disposición de Udes en la biblioteca del Colegio

Textos seleccionados por los docentes e impresos a continuación

TEXTOS PARA LEER Y ANALIZAR

 

La condición de la mujer

El matrimonio constituye un contrato que solo obliga a una de las partes. El marido puede repu­diar a su mujer y conservar a los hijos, sin otra formalidad que una declaración ante testigos, siempre que se comprometa a devolver la dote o a pagar sus intereses. En cambio, cuando la mujer pide el divorcio, rara vez lo consigue y solo en virtud de una decisión ju­dicial motivada por malos tratos graves o por infidelidad notoria. El marido no se priva de concu­binas ni de cortesanas. Demoste-nes declara en un discurso: “Tenemos cortesanas para el pla­cer, concubinas para que cuiden de nosotros y esposas para que nos den hijos legítimos”. La mujer legítima debía ser hija de ciudadano. Menor de edad desde el nacimiento hasta la muerte, no hacía más que cam­biar de tutor, cuando enviudaba pasaba a depender de su hijo ma­yor. Su única ocupación era dar a su marido los hijos que éste de­seaba y educarlos hasta los siete años, edad en que le eran arreba­tados. Conservaba a sus hijas y las preparaba para la vida que ha­bía hecho ella misma, para la tris­te condición de ama de casa re­productora. La mujer de un ciudadano ateniense no era más que un oikourema, un “objeto” (la palabra es de género neutro) “destinado a los quehaceres do­mésticos” Para el ateniense era solo la primera de sus servidoras.

                André Bonard. De la Iliada al Partenón         En: Bustinza y Rivas. Historia. De los primeros hombres a los mundos del medioevo. Bs As. A-Z editora. 2004 Pag 142

 

Un discurso de Perícles

    

“En primer lugar –expresa-  es una ciudad libre, un gobierno del pueblo por el pueblo, una democracia. La administración se encuentra en manos de la mayoría, no de la minoría (…)

“Nuestra ley -continúa Perícles” asegura igual  justicia para todos. La pobreza no es obstáculo: un nombre puede servir a su país por oscuro y pobre que sea su origen. Reconocemos los méritos en, cualquier parte que los encontremos. No hay exclusivismos en nuestra vida pública (…)

“No expulsamos a los extranjeros, que pueden venir e irse como quieran; y cuanto mas aprenden, mejor, porque nuestra ciudad es igualmente admirable en la paz como en la guerra y, en una palabra, es la ciudad modelo. No tratamos con brutalidad a nuestros jóvenes para hacerlos físicamente fuertes. Esperamos que ellos sean hombres cabales. Queremos que amen la belleza, pero que sigan teniendo gustos simples; que cultiven sus mentes sin perder por ello la hombría. Esperamos que un hombre se interese en los asuntos públicos (…)

“Alguna gente cree que los Hombres son valientes por ignorancia y que cuando reflexionan comienzan a vacilar. Nuestra opinión es diferente, consideramos valientes a esos hombres que calculan del modo más claro posible las penas y los placeres de la vida, que miden el peligro y luego le hacen frente al riesgo.”En su­ma, Atenas es la escuela de Grecia y yo os insto –concluía- a amar a Atenas.”

                T. R. Glover, El mundo antiguo  En: Vazque de Fernandez, Silvia Historia 1. Bs As. Kapelusz. 1995 pag.134

 

La educación e los niños y de los jóvenes

“Quiero mostrar como se practico la educación en Es­parta y en otros lugares”.

“Los griegos que pretenden educar mejor a sus hijos, tan pronto como los niños comprenden el sentido de las palabras, los colocan al cuidado de pedagogos que son esclavos y bien pronto los envían a las escuelas para aprender las letras y la música. Pero Licurgo, en lugar de dejar que cada uno dé a sus hijos esclavos como pedagogos, encargó la educación de los hijos de todos a uno de los ciudadanos, al que se lo reviste de la más alta magistratura: se llama el pedonomo.

 Le ha dado todo el poder para reunir a los niños, vigilarlos y, si el caso lo exige, castigar severamente sus negligencias. Al pedonomo lo acompañan jóvenes portadores de látigos, para aplicar los castigos necesarios, Así se ve en Esparta mucho respeto unido a mucha obediencia. A fin de que aun en ausencia del pedonomo los niños no permanezcan sin dirección, Licurgo ha dado a cualquier ciu­dadano que se encontrara presente, pleno poder para indicarles lo que considere bueno y para castigarlos en caso de falta, Ha conseguido, así, volver a los niños más respetuosos. En Esparta, en efecto, no hay nada que respeten tanto los niños y los hombres como a sus jefes.”

“Cuando los niños llegan a la adolescencia, los otros griegos les suprimen los pedago­gos y los maestros; nadie los gobierna más adelante, sino que se los deja vivir a su gusto. También aquí Licurgo ha decidido de otra manera. Ha impuesto a los adoles­centes numerosos trabajos y les ha encargado numerosas ocupaciones. Además, que­riendo inspirarles una gran modestia, les ha prescrito que en la calle escondan las manos debajo del manto y avancen en silencio, sin lanzar jamás una mirada a su alrededor, sino manteniendo los ojos únicamente fijos en el suelo delante de sus pa­sos.”

(Jenofonte, historiador griego del siglo /Va.C: La república de los lacedemonios, capí­tulos II y III).   En: Alonso y Elisalde. Historia.La Antigüedadyla Sociedad Feudal.Bs As. AIQUE. 1993. Pag. 164/165

 

La educación de las mujeres

 

“Licurgo no pensado que las esclavas eran suficientes para confeccionar las vestimentas y que el papel esencial de las mujeres libres consistía en dar a luz; a tal fin prescribió para el sexo femenino ejercicios corporales no menos que paro el otro. En segui­da decidió que las jóvenes, al igual que los muchachos, competirían entre ellas en velocidad y fuerza, pues estimaba que, si ambos padres eran robustos, sus hijos serían mejores.”

(Jenofonte, obra citada, capítulo I)     En: Alonso y Elisalde. Historia.La Antigüedadyla Sociedad Feudal.Bs As. AIQUE. 1993. Pag. 165

La Esclavitud

 

Sin las cosas de primera necesidad no pueden vivir los hombres y vivir bien.  Necesitan ins­trumentos especiales para realizar su obra. . . Entre estos instrumentos los hay inanimados y animados. . . el esclavo es una propiedad vi­viente. El esclavo, no solamente es esclavo de su amo sino que le pertenece totalmente. . . Quien no se pertenece a sí mismo, sino que pertenece a otro y sin embargo es hombre, ése es esclavo por naturaleza. Ahora bien, un hom­bre pertenece a otro cuando es cosa poseída, aun siendo hombre; y una cosa poseída es un instrumento que se usa… Hay en la especie humana individuos tan inferiores a los demás, corno el cuerpo al alma, como la bestia al hom­bre; son aquellos de los que el máximo empleo que se puede sacar es el de la utilización de las fuerzas corporales. . . esos individuos son los destinados por la naturaleza a la esclavitud, pues para ellos no existe nada mejor que obedecer. . . Por lo demás, la utilidad de los esclavos y de los animales domésticos es casi la misma; unos y otros colaboran con nosotros igualmente para satisfacer las necesidades primordiales de la vida..Es amo no por poseer esclavos, sino por servirse de ellos. Este arte del amo consiste en saber mandar lo que el esclavo ha de saber hacer. Así, todos los que pueden se ahorran ese trabajo, dejándole tal honor a un intendente para dedi­carse ellos a la política o a ¡a filosofía.

aristóteles,La Política, C. 2, págs. 8, 9, 11, 14 y 15.   En: Aubert, Durif y M de Tomada. Historia dinámica. Bs As. Kapelusz.1962

 

Ciudadanía y sufragio popular en la República Argentina

En nuestro país está vigente el sufragio popular, también lla­mado sufragio universal. Es­tos dos adjetivos significan que el derecho al voto no está restringi­do por ningún requisito, excepto ser de nacionalidad argentina y tener una determinada edad. El artículo 37 de la Constitución Nacional establece que “el sufra­gio es universal, igual, secreto y obligatorio” y garantiza “la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres para el acceso a cargos electivos y partidarios”.

Enla República Argentinavotan todos los habitantes que sean de nacionalidad argentina, nativos o por opción -es decir, los que nacieron en el territorio na­cional y aquellos extranjeros que optaron por “ser argentinos “y se nacionalizaron-, a partir de los 18 años.

Todos los habitantes del país que pueden ejercer el derecho al voto son considerados ciudadanos con derechos políticos.

El artículo 20 de la Consti­tución Nacional de la Repúbli­ca Argentina reconoce y garanti­za los derechos civiles por ella establecidos a todos los extranje­ros que habitan en el territorio nacional. Esto significa que, fren­te al Estado argentino, los extran­jeros tienen los mismos derechos civiles que los argentinos nativos y son iguales ante la ley. Pero, al mismo tiempo,la Constitución también establece que los extran­jeros no están obligados a adop­tar la ciudadanía argentina. Por esta razón, si no se nacionalizan, no pueden votar en las elecciones para autoridades nacionales y provinciales, solo pueden partici­par en las elecciones para autori­dades municipales.

En: Alonso, Bachean y Correale. Los derechos políticos. La ciudadanía.  Bs As. Troquel1998 Pág. 49

 

Democracia directa. Ideal pero difícil de practicar

 

No cabe duda de que la democracia perfecta, la democracia ideal -si demo­cracia significa “gobierno del pueblo” y no “en nombre del pueblo”-, es la demo­cracia directa, tal como la imaginaba Rousseau. Pero Rousseau sabía que la democracia directa, la “democracia de ágora ” (del griego, plaza era un régimen adecuado para los pequeños Estados, pre­cisamente para aquellos cuyas dimensio­nes permitían a los ciudadanos -que, por lo demás., eran sólo una pequeña parte de los habitantes de una ciudad— reunirse en una plaza. ¿Dónde están ahora los pe­queños Estados? Los Estados siguen cre­ciendo, y las plazas sirven ya sólo para la multitud movilizada, no para los ciuda­danos participantes.

La primera paradoja de la democra­cia de los modernos., contrapuesta a la democracia de los antiguos, nace aquí: pe­dimos cada vez más democracia, en condiciones objetivas cada vez más des­favorables. Y hace tiempo se explicó que nada es más difícil que hacer respetar las reglas del juego democrático en las gran­des organizaciones; y las organizaciones, empezando por la estatal, se hacen cada vez más grandes.

        Norberto Bobbio. ¿Qué socialismo?. 7976.  En: Alonso, Bachean y Correale. Los derechos políticos. La ciudadanía.  Bs As. Troquel1998 pag 54

El régimen político democrático

El gobierno de un Estado está organiza­do según un régimen político democrático cuando, de acuerdo con el principio de la so­beranía popular, los gobernantes son elegi­dos por los ciudadanos a través del voto en elecciones generales realizadas en el marco de determinadas condiciones.

Para que las autoridades elegidas por los ciudadanos sean legítimas para toda la socie­dad -es decir, para que todos sus integrantes les reconozcan el derecho a mandar y, por lo tanto, estén dispuestos a obedecerlas- es re­quisito que en su elección se respeten ciertas reglas del juego.

1. El Poder Legislativo debe estar com­puesto por miembros elegidos, directa o indi­rectamente, por el pueblo.

2. Además del parlamento a cargo de la función legislativa deben existir otras institu­ciones integradas por funcionarios elegidos (por ejemplo, los intendentes a cargo de la administración municipal y, en el caso de las repúblicas, el presidente a cargo del Poder Ejecutivo).

3. Los electores deben ser todos los ciu­dadanos que hayan alcanzado la mayoría de edad sin distinción de origen étnico, religión, de ingresos, ni de sexo.

4. Todos los electores deben tener igual voto.

5. Todos los electores deben ser libres de votar según su propia opinión formada lo más libremente posible, es decir, en una libre contienda de grupos políticos que compiten por formar la representación nacional.

6. Los electores deben ser libres también en el sentido de que deben estar en condicio­nes de tener opciones reales.

7. Tanto para la elecciones de los represen­tantes como para las decisiones en la elabora­ción de las leyes a cargo del parlamento vale el principio de la mayoría numérica (aunque también pueden ser establecidas otras formas de mayoría para casos especiales, por ejemplo, para la reforma del texto constitucional).

8. Ninguna decisión tomada por la ma­yoría debe limitar los derechos de la minoría, en particular el derecho a convertirse, en igualdad de condiciones, en mayoría.

Todas estas reglas establecen cómo se debe llegar a la decisión política y no qué se debe decidir.

En: Alonso, Bachean y Correale. Los derechos políticos. La ciudadanía.  Bs As. Troquel1998 pag 56

Preguntas que ayudan al análisis del Capitulo XII de Kitto “ Los griegos” y los textos seleccionados

          ¿Qué lugar ocupaba la mujer en la sociedad ateniense?

     ¿En qué situación se hallaba respecto del hombre? ¿Cómo era considerada por este?

     ¿Quiénes eran las “hetairas”? ¿Por qué eran apreciadas por los hombres?

     ¿Existían las prostitutas? ¿En qué momento aparecían en la vida social?

     ¿A quiénes se llamaba “herederas”? ¿A qué situación se exponían?

     ¿La ley de divorcio se aplicaba en forma imparcial?

     ¿Tiene fundamento afirmar que el ateniense trataba con indiferencia y menosprecio a la mujer?

     ¿Por qué Atenas políticamente era “exclusiva”?

     ¿Qué significaba ser ciudadano?

     ¿Cómo eran tratados los esclavos?

     ¿La división entre pobres y ricos era tan acentuada en lo político como en lo social?

     ¿Cómo era  entendida la pobreza?

¿Qué derechos tenían las mujeres, los hombres, los niños?

¿ Todas las personas gozaban de derechos?

¿ Existía el derecho a la igualdad y a la libertad?

¿ Cómo se ejercían los derechos políticos?

¿ Qué es la democracia?

¿ Qué concepto tiene Pericles de la ley, la ciudad de Atenas y los extranjeros?

¿ Cómo se educaba a los niños y a las mujeres? ¿Con qué objetivo?

¿ Cómo funciona la democracia en nuestro país?

¿ Qué diferencia existe entre democracia directa y representativa?

¿ Las reglas del juego democrático son las mismas ahora que en Grecia?

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Fernando Savater ” Etica para Amador”

Savater, Fernando. Ética para Amador.  LA LIBERTAD

Bs As. Espasa Calpe/ Ariel. 1994  Pág. 26 a 32 y 54 a 58

“…las termitas-soldado luchan y mueren porque tienen que hacerlo, sin poderlo reme­diar (como la araña que se come a la mosca). Héctor, en cambio, sale a enfrentarse con Aquiles porque quiere. Las termitas-soldado no pueden desertar, ni rebelarse, ni remolo­near para que otras vayan en su lugar: están programadas necesariamente por la natura­leza para cumplir su heroica misión. El caso de Héctor es distinto. Podría decir que está enfermo o que no le da la gana enfrentarse a alguien más fuerte que él. Quizá sus con­ciudadanos le llamasen cobarde y le tuviesen por un caradura o quizá le preguntasen qué otro plan se le ocurre para frenar a Aquiles, pero es indudable que tiene la posibilidad de negarse a ser héroe. Por mucha presión que los demás ejerzan sobre él, siempre po­dría escaparse de lo que se supone que debe hacer: no está programado para ser héroe, ningún hombre lo está. De ahí que tenga mé­rito su gesto y que Homero cuente su histo­ria con épica emoción. A diferencia de las termitas, decimos que Héctor es libre y por eso admiramos su valor.

Y así llegamos a la palabra fundamental de todo este embrollo: libertad. Los animales (y no digamos ya los minerales o las plantas) no tienen más remedio que ser tal como son y hacer lo que están programados natural­mente para hacer. No se les puede reprochar que lo hagan ni aplaudirles por ello porque no saben comportarse de otro modo. Tal dis­posición obligatoria les ahorra sin duda mu­chos quebraderos de cabeza. En cierta medi­da, desde luego, los hombres también esta­mos programados por la naturaleza. Esta­mos hechos para beber agua, no lejía, y a pesar de todas nuestras precauciones debe­mos morir antes o después. Y de modo me­nos imperioso pero parecido, nuestro pro­grama cultural es determinante: nuestro pen­samiento viene condicionado por el lenguaje que le da forma (un lenguaje que se nos im­pone desde fuera y que no hemos inventado para nuestro uso personal) y somos educa­dos en ciertas tradiciones, hábitos, formas de comportamiento, leyendas…; en una pala­bra, que se nos inculcan desde la cunita unas fidelidades y no otras. Todo ello pesa mucho y hace que seamos bastante previsibles.

Por mucha programación biológica o cultu­ral que tengamos, los hombres siempre po­demos optar finalmente por algo que no esté en el programa (al menos, que no esté del todo). Podemos decir «sí» o «no», quiero o no quiero. Por muy achuchados que nos vea­mos por las circunstancias, nunca tenemos un solo camino a seguir sino varios.

Cuando te hablo de libertad es a esto a lo que me refiero. A lo que nos diferencia de las termitas y de las mareas, de todo lo que se mueve de modo necesario e irremediable. Cierto que no podemos hacer cualquier cosa que queramos, pero también cierto que no estamos obligados a querer hacer una sola cosa. Y aquí conviene señalar dos aclaracio­nes respecto a la libertad:

Primera: No somos libres de elegir lo que nos pasa (haber nacido tal día, de tales pa­dres y en tai país, padecer un cáncer o ser atropellados por un coche, ser guapos o feos, que los aqueos se empeñen en conquistar nuestra ciudad, etc.), sino libres para respon­der a lo que nos pasa de tal o cual modo (obedecer o rebelarnos, ser prudentes o te­merarios, vengativos o resignados, vestirnos a la moda o disfrazarnos de oso de las caver­nas, defender Troya o huir, etc.).

Segunda: Ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo indefectible­mente. No es lo mismo la libertad (que consiste en elegir dentro de lo posible) que la omnipotencia (que sería conseguir siempre lo que uno quiere, aunque pareciese imposi­ble). Por ello, cuanta más capacidad de ac­ción tengamos, mejores resultados podre­mos obtener de nuestra libertad Soy libre de querer subir al monte Everest, pero dado mi lamentable estado físico y mi nula prepa­ración en alpinismo es prácticamente impo­sible que consiguiera mi objetivo. En cambio soy libre de leer o no leer, pero como apren­dí a leer de pequeñito la cosa no me resulta demasiado difícil si decido hacerlo. Hay co­sas que dependen de mi voluntad (y eso es ser libre) pero no todo depende de mi volun­tad (entonces sería omnipotente), porque en el mundo hay otras muchas voluntades y otras muchas necesidades que no controlo a mi gusto. Si no me conozco ni a mí mismo ni al mundo en que vivo, mi libertad se estre­llará una y otra vez contra lo necesario. Pero, cosa importante, no por ello dejaré de ser libre… aunque me escueza.

En la realidad existen muchas fuerzas que limitan nuestra libertad, desde terremotos o enfermedades hasta tiranos. Pero también nuestra libertad es una fuerza en el mundo, nuestra fuerza”

“Todo esto tiene que ver con la cuestión de la libertad, que es el asunto del que se ocupa propiamente la ética, según creo ha­berte dicho ya. Libertad es poder decir «sí» o «no»; lo hago o no lo hago, digan lo que digan mis jefes o los demás; esto me convie­ne y lo quiero, aquello no me conviene y por tanto no lo quiero. Libertad es decidir, pero también, no lo olvides, darte cuenta de que estás decidiendo. Lo más opuesto a dejarse llevar, como podrás comprender. Y para no dejarte llevar no tienes más remedio que in­tentar pensar al menos dos veces lo que vas a hacer; sí, dos veces, lo siento, aunque te duela la cabeza… La primera vez que piensas el motivo de tu acción la respuesta a la pre­gunta «¿por qué hago esto?» es del tipo de las que hemos estudiado últimamente: lo hago porque me lo mandan, porque es cos­tumbre hacerlo, porque me da la gana. Pero si lo piensas por segunda vez, la cosa ya va­ría. Esto lo hago porque me lo mandan, pero… ¿por qué obedezco lo que me man­dan?, ¿por miedo al castigo?, ¿por esperan­za de un premio?, ¿no estoy entonces como esclavizado por quien me manda? Si obedez­co porque quien da las órdenes sabe más que yo, ¿no sería aconsejable que procurara informarme lo suficiente para decidir por mí mismo? ¿Y si me mandan cosas que no me parecen convenientes, como cuando le ordenaron al comandante nazi eliminar a los judíos del campo de concentración? ¿Acaso no puede ser algo «malo» —es decir, no con­veniente para mí— por mucho que me lo manden, o «bueno» y conveniente aunque na­die me lo ordene?

Lo mismo sucede respecto a las costum­bres. Si no pienso lo que hago más que una vez, quizá me baste la respuesta de que ac­túo así «porque es costumbre». Pero ¿por qué diablos tengo que hacer siempre lo que suele hacerse (o lo que suelo hacer)? ¡Ni que fuera esclavo de quienes me rodean, por muy amigos míos que sean, o de lo que hice ayer, antes de ayer y el mes pasado! Si vivo rodea­do de gente que tiene la costumbre de discri­minar a los negros y a mí eso no me parece ni medio bien, ¿por qué tengo que imitarles? Si he cogido la costumbre de pedir dinero prestado y no devolverlo nunca, pero cada vez me da más vergüenza hacerlo, ¿por qué no voy a poder cambiar de conducta y empe­zar desde ahora mismo a ser más legal? ¿Es que acaso una costumbre no puede ser poco conveniente para mi, por muy acostumbra­da que sea? Y cuando me interrogo por se­gunda vez sobre mis caprichos, el resultado es parecido. Muchas veces tengo ganas de hacer cosas que en seguida se vuelven contra mí, de las que me arrepiento luego. En asuntos sin importancia el capricho puede ser aceptable, pero cuando se trata de cosas más serias dejarme llevar por él, sin reflexio­nar si se trata de un capricho conveniente o inconveniente, puede resultar muy poco aconsejable, hasta peligroso: el capricho de cruzar siempre los semáforos en rojo a lo mejor resulta una o dos veces divertido pero ¿llegaré a viejo sí me empeño en hacerlo día tras día?.

En resumidas cuentas: puede haber órde­nes, costumbres y caprichos que sean moti­vos adecuados para obrar, pero en otros ca­sos no tiene por qué ser así. Sería un poco idiota querer llevar la contraria a todas las órdenes y a todas las costumbres, como tam­bién a todos los caprichos, porque a veces resultarán convenientes o agradables. Pero nunca una acción es buena sólo por ser una orden, una costumbre o un capricho. Para saber si algo me resulta de veras convenien­te o no tendré que examinar lo que hago más a fondo, razonando por mí mismo. Na­die puede ser libre en mi lugar, es decir: nadie puede dispensarme de elegir y de bus­car por mí mismo. Cuando se es un niño pequeño, inmaduro, con poco conocimiento de la vida y de la realidad, basta con la obe­diencia, la rutina o el caprichito. Pero es porque todavía se está dependiendo de al­guien, en manos de otro que vela por noso­tros. Luego hay que hacerse adulto, es decir, capaz de inventar en cierto modo la propia vida y no simplemente de vivir la que otros han inventado para uno. Naturalmente, no podemos inventarnos del todo porque no vi­vimos solos y muchas cosas se nos imponen queramos o no (…). Pero entre las órde­nes que se nos dan, entre las costumbres que nos rodean o nos creamos, entre los ca­prichos que nos asaltan, tendremos que aprender a elegir por nosotros mismos. No habrá más remedio, para ser hombres y no borregos (con perdón de los borregos), que pensar dos veces lo que hacemos. Y si me apuras, hasta tres y cuatro veces en ocasiones señaladas.”

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Hugo Quiroga. El ciudadano y la pregunta por el estado democrático

 

Hugo Quiroga, EL CIUDADANO Y LA PREGUNTA POR EL ESTADO DEMOCRÁTICO

Las deplorables desigualdades sociales que emergen de la realidad de numerosos países de América Latina, algunos de los  cuales —como la Argentina— retomaron el camino democrático en la década del 80, revelan los límites de la mediación institucional a la hora de corregir diferencias e injusticias tan adversas como profundas. Los carentes de vínculos con la sociedad, los que están imposibilitados de acceder a un trabajo o cuyo acceso es sólo precario, los que permanecen social y culturalmente por fuera de la polis y no pueden tener una representación propia, ponen indudablemente en cuestión su condición de ciudadanos. Así, la democracia, como lugar constitutivo de un cuerpo de iguales, es puesta a prueba cotidianamente. En este sentido, la crítica que deseo aquí dirigir reposa, en buena medida, en la molesta constatación del status parcial de ciudadanía que dispone una parte significativa de la población. Nace, entonces, la pregunta del ciudadano por el Estado democrático, esto es, la pregunta sobre la supuesta naturaleza igualitaria del orden democrático. Se pone en duda, para un vasto sector, el pleno establecimiento del principio de igualdad ciudadana. En verdad, ¿qué tipos de ciudadanos han forjado nuestras democracias?, ¿estamos obligados a hablar de ciudadanos reales y de ciudadanos ideales así como hablamos de democracia real y democracia ideal?

Las democracias que conocemos en es tas tierras no son tan igualitarias ni en ellas todos los individuos gozan de ciudadanías plenas, aunque en ese universo asimétrico se respete a rajatabla el procedimiento democrático. Es por eso que Guillermo O’ Donnell nos había de «democracia de baja intensidad» o José Nun de «liberalismo democrático», ambos desde perspectivas diferentes (…)

Me parece conveniente en esta introducción adelantar de manera sumaria algunos aspectos del debate sobre el concepto de democracia. Así, en su estructura ideal, la democracia es considerada como la «creencia común en la igualdad» (P. Rosanvallon) o, de una manera más clásica, como una comunidad de ciudadanos, es decir, como una sociedad de hombres y mujeres libres considerados iguales y con los mismos derechos. Esta es la noción de democracia perfecta, que en los hechos no existe y que probablemente nunca existirá (…) Precisamente, si el sentido de la democracia es la ciudadanía y si, al mismo tiempo, ella evoca una sociedad igualitaria ¿cuál es, por ende, el temple de una experiencia democrática que acepta en su interior a ciudadanos nominales y/o ciudadanos parciales? Para algunos autores esta inaceptable situación coloca a la democracia en.la fronteras de un orden borroso e indefinido. Por eso, en esta discusión, la pregunta recurrente desde Tocqueville en adelante ha estado referida al problema de la igualdad de condiciones sociales de la democracia f…)

Si —como bien afirma Fierre Rosanvallon— el ciudadano representa al hombre igual, los socialmente excluidos de nuestras comunidades no pueden ser más que ciudadanos incompletos o nominales, ya que están situados en una zona fronteriza entre la esfera de la ciudadanía y la esfera de la no ciudadanía. ¿Qué separa, hoy, a un ciudadano del que no lo es o que lo es sólo a medias? La discusión del concepto de ciudadanía está en el centro del debate sobre la cuestión social, es decir, en el medio de la controversia sobre el desempleo de largo plazo, la precarización del trabajo, y las nuevas formas de desigualdades. Entonces, ¿cómo pensar hoy la categoría de ciudadanía en sociedades democráticas manifiestamente desiguales? Si se sospecha de la validez del postulado de igualdad ciudadana, la pregunta es hasta dónde este concepto, completamente asociado, en mi opinión, a la determinación de un sistema de integración social, puede servir como principio ordenador de nuestras comunidades. Desde este punto de vista, el mayor cuestionamiento a este principio procede en la actualidad del proceso de disociación social causado por el desempleo estructural, la pobreza y los privilegios. ¿Es posible separar, por consiguiente, el reino de las necesidades de la esfera de la ciudadanía, y dejar esta noción librada solamente al reino de la libertad?

Con arreglo a las caracterizaciones ya esbozadas me arriesgaría a afirmar que nos enfrentamos, en América Latina, a la paradoja de sociedades democráticas con ciudadanos nominales o con ciudadanos incompletos, es decir, con falsos ciudadanos o con ciudadanos que no pueden ejercer plenamente los atributos correspondientes a esa condición. Sin duda, el análisis de este problema conecta, en una trama conceptual compleja, las categorías de ciudadanía, democracia, igualdad y derecho. La democracia presupone, pues, ciudadanos iguales, y la noción de ciudadanía no se entiende sin un sistema de derechos. Así como la idea de ciudadanía alude a individuos que participan como actores de la vida política y social, la función de la democracia es proporcionar derechos fundamentales para todos. Cuatro conceptos, por cierto, difíciles de separar en el momento de abordar ciertas incertidumbres de las sociedades contemporáneas.     

                                                                     En : Recalde Héctor. Educación Cívica II Bs. As, Aula Taller, 2005. pag 93 y 94

 

 

  1. Subraya las ideas principales y realiza anotaciones marginales que sinteticen en  2 ó 3 palabras el contenido del mismo.
  2. Identifica los principales conceptos y explícalos con tus palabras; por ejemplo: democracia, ciudadanía parcial, excluidos, ciudadano real, ciudadano ideal, causas de desigualdad, etc.
  3. Sintetiza la situación de América Latina
  4. Cómo se relacionan los conceptos de: derechos, ciudadanía, democracia e igualdad.

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Ni explotados, ni maltratados, ni abusados

NI EXPLOTADOS.  NI MALTRATADOS. NI ABUSADOS

Aprovecharse de un niño siempre es fácil. Un niño tiene siempre menos poder que un adulto, y hay adultos a los qué ese desvalimiento, en lugar de llevarlos a proteger, como debería ser, los lleva a abusar. Hay muchos niños y niñas que son golpeados y torturados. Los adultos que viven con ellos descargan sobre ellos su violencia y la ira que sienten contra el mundo, los usan de chivos emisarios.

Hay muchos niños y niñas que son abusados sexualmente. Con el agravante de que muchas veces el violador es una persona muy cercana —su propio padre, un hermano mayor, un tío, un abuelo- y eso hace que se le haga muy difícil al niño hablar y pedir ayuda.

Hay niños a los que se les pone un arma en la mano y se los envía a la guerra, a matar y a morir. También hay muchos niños a los que se manda a robar.

Hay niños que primero son inducidos a consumir droga y luego contratados para venderla. Hay niños y niñas robados, o comprados y vendidos como mercadería. Muchos de ellos serán dedicados a la prostitución, la pornografía o a  alguna otra forma de comercio sexual. Son muchas las situaciones por las que sentir dolor, indignación y vergüenza.

Todos hemos oído hablar de ellas. Muchas las hemos visto con nuestros propios ojos. Y hasta es posible que conozcamos algún caso cercano, que deberíamos denunciar cuanto antes.

La Convención dedica ocho de sus artículos a pronunciarse claramente contra estos delitos. Dé acuerdo con esos artículos, los Estados que la han firmado se comprometen a impedir y castigar toda forma de maltrato, ex­plotación y abuso.

También a evitar que los menores sean reclutados para la guerra.

Y a ayudar al niño maltratado, explotado o abusado a recuperarse física y psicológicamente y a reinsertarse en la sociedad.

Ni el Estado ni la comunidad ni la familia podrán desentenderse de la violencia sobre el niño. Tampoco podrán desentenderse de los niños que cometen delitos. La Convención los obliga a velar por ellos, asegurándoles un juicio justo, un trato siempre humanitario y la pena más leve que las normas vigentes permi­tan. Un niño o una niña que han delinquido tienen derecho a que se respeten sus derechos.

Montes, Graciela. De qué hablamos cuando hablamos de derechos?. 6s As. UNICEF. 2000. pag 29/30

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Reconocimiento Universal de los Derecho Humanos

Alonso y Bachman. Educación Ética.  Bs. As Troquel 1996

 EL RECONOCIMIENTO UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS

El lento y difícil proceso de reconocimiento universal

En 1948, la firma de la Declaración por parte de los Estados no significaba más que estar de acuerdo con su contenido. A partir de allí comenzaron largas y difíciles negociaciones para acordar compromisos jurídicos pre­cisos -las llamadas convenciones o pactos que comple­mentan las declaraciones- cuya firma sí obligara a los es­tados a garantizar en forma efectiva los derechos conte­nidos en la Declaración.

Recién después de 18 años de largos debates, las Naciones Unidas llegaron a un acuerdo sobre el texto de
la convención que debía complementar a la Declaración de 1948- En lugar de un solo texto, los Estados establecieron una separación entre los derechos civiles y políticos por un lado, y los derechos económicos, sociales y culturales por otro.   

En 1966, se aprobaron dos pactos: el Pacto Interna­cional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacio­nal de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Pero es­tos dos recién entraron en vigencia en 1976 (ya que los pactos o convenciones internacionales requieren un nú­mero mínimo de ratificaciones por parte de 35 Estados para entrar en vigor). Hasta diciembre de 1995, el pri­mero ha sido ratificado por 129 y el segundo por 131 del total de 179 estados miembros de la ONU.

La lentitud con la que avanza la ratificación de es­tos pactos está relacionada con las diferencias entre las tradiciones jurídicas, los sistemas políticos y la fe reli­giosa de los países, y también con las diferencias de condiciones económicas y sociales.

 

Nuevas declaraciones y convenciones

En 1948, casi todos los gobiernos declararon que no se sentían legalmente obligados a aplicar la Declaración Universal de Derechos Humanos. En esa época, las úni­cas violaciones a los derechos humanos que se reprimían eran la esclavitud, el genocidio y los abusos muy eviden­tes contra los extranjeros. Numerosos gobiernos rechaza­ron explícitamente las propuestas para hacer obligatorias las disposiciones de los nuevos tratados.

Desde entonces se han logrado progresos conside­rables. La Declaración Universal fue completada con un conjunto de nuevas declaraciones y convenciones que los Estados han ido ratificando. Los más importantes son los seis tratados fundamentales: además de los dos pac­tos de 1966, las convenciones relativas a la discrimina­ción racial y sexual, a la tortura y a los derechos del ni­ño. Por otra parte, los países de Europa, América y Áfri­ca han firmado convenciones regionales que mantienen los principios universales e incorporan otros relaciona­dos con sus problemas particulares.

El desafío de la universalidad de los de­rechos humanos

En la actualidad, la universalidad de los derechos humanos no depende sólo de que todos los Estados del mundo firmen las convenciones que se proponen garan­tizarlos. El desafío consiste en que, en cada país, el estado y la sociedad realicen esfuerzos para que los de­rechos establecidos en la letra de las declaraciones y los pactos se cumplan en la realidad.

La Asamblea General de las Naciones Unidas ha establecido complejos mecanismos para supervisar el cumplimiento de los pactos y tratados a nivel interna­cional- Pero todavía son muchos los Estados que consi­deran que esta supervisión es una intromisión en sus asuntos internos.

Por esta razón, resulta fundamental el compromiso y la presión de los ciudadanos en el interior de cada so­ciedad exigiendo la vigencia efectiva de los derechos. En las últimas décadas son cada vez más numerosas las or­ganizaciones no gubernamentales (ONG) que expresan “la voz de los pueblos” y que se proponen “no dejar sólo en manos de los gobiernos el logro de su aspiración común a un mundo menos injusto, menos arbitrario y menos violento”.

La preocupación internacional por la libertad, la justicia y la paz

La realización de los derechos humanos es una obra que dista mucho de estar concluida. Aunque la mayoría de los países del mundo están de acuerdo con la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, conflictos armados, violaciones sistemáticas de los derechos económicos y sociales, y negación de las li­bertades fundamentales siguen produciéndose en diver­sos lugares del mundo.

Preocupada por esta realidad, la Organización de las Naciones Unidas convocó a la comunidad interna­cional a buscar un acuerdo entre los estados para garan­tizar a todos los seres humanos los derechos fundamen­tales. (Conferencia Internacional de Viena) El documento final aprobado, en junio de 1993, por la Segunda Conferencia Mundial de Derechos Hu­manos es uno de los primeros pasos hacia una cultura universal de los derechos humanos.

A cuarenta y cinco años de la Declaración Univer­sal de los Derechos Humanos, el documento final apro­bado por la Conferencia -que consta de una Declaración y un Programa de Acción-, estableció la necesidad de que las Naciones Unidas realicen acciones concretas pa­ra promover y proteger;

La universalidad de los derechos humanos. La Declaración confirmó que todos los derechos humanos son universales, indivisibles e interdependientes.

        • El respeto de los derechos humanos como te­ma de debate internacional. A partir de esta Declaración, las dudas de la co­munidad internacional sobre el respeto efectivo de esos derechos en cualquier país ya no po­drá considerarse una in­jerencia ilegítima en los asuntos de un Estado.

       Las relaciones entre democracia, desarrollo y derechos humanos. La Conferencia reafirmó la interdependencia en­tre el respeto por los de­rechos humanos, el desa­rrollo económico y social y la participación del in­dividuo en los asuntos públicos.

       • Los derechos de las minorías. Los estados par­ticipantes aceptaron la obligación de velar porque las personas pertenecientes a una minoría puedan ejercer íntegra y efectivamente todos los derechos humanos; y reconocieron la importancia de la promoción y protec­ción de los derechos de las minorías para la estabilidad política y social de los países en los que viven.

        • La situación de las mujeres y de los grupos vulnerables. El documento final dio especial impor­tancia a los derechos de las mujeres y de los grupos vulnerables, incluidos los niños, las poblaciones autóc­tonas, los trabajadores inmigrantes y las personas im­pedidas.

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Democracia y autoritarismo en la República Argentina

DEMOCRACIA Y AUTORITARISMO EN LA REPUBLICA ARGENTINA

 

Alonso, Bachman y Correale. Los derechos políticos. La ciudadanía. Bs. As. Troquel. 1999. Pág. 56/57

El régimen político democrático

        El gobierno de un Estado está organiza­do según un régimen político democrático cuando, de acuerdo con el principio de la so­beranía popular, los gobernantes son elegi­dos por los ciudadanos a través del voto en elecciones generales realizadas en el marco de determinadas condiciones.

Para que las autoridades elegidas por los ciudadanos sean legítimas para toda la socie­dad -es decir, para que todos sus integrantes les reconozcan el derecho a mandar y, por lo tanto, estén dispuestos a obedecerlas- es re­quisito que en su elección se respeten ciertas reglas del juego.

1. El Poder Legislativo debe estar com­puesto por miembros elegidos, directa o indi­rectamente, por el pueblo.

2. Además del parlamento a cargo de la función legislativa deben existir otras institu­ciones integradas por funcionarios elegidos (por ejemplo, los intendentes a cargo de la administración municipal y, en el caso de las repúblicas, el presidente a cargo del Poder Ejecutivo).

3. Los electores deben ser todos los ciu­dadanos que hayan alcanzado la mayoría de edad sin distinción de origen étnico, religión, de ingresos, ni de sexo.

4. Todos los electores deben tener igual voto.

5. Todos los electores deben ser libres de votar según su propia opinión formada lo más libremente posible, es decir, en una libre contienda de grupos políticos que compiten por formar la representación nacional.

6. Los electores deben ser libres también en el sentido de que deben estar en condicio­nes de tener opciones reales.

7. Tanto para las elecciones de los represen­tantes como para las decisiones en la elabora­ción de las leyes a cargo del parlamento vale el principio de la mayoría numérica (aunque también pueden ser establecidas otras formas de mayoría para casos especiales, por ejemplo, para la reforma del texto constitucional).

8. Ninguna decisión tomada por la ma­yoría debe limitar los derechos de la minoría, en particular el derecho a convertirse, en igualdad de condiciones, en mayoría.

Todas estas reglas establecen cómo se debe llegar a la decisión política y no qué se debe decidir.

La democracia como procedimiento

Si bien es cierto que el término “democracia” tiene muchas acepciones, es cierto también que tie­ne un significado preponderante. Este significado preponderante es aquel según el cual se entiende por “democracia” un conjunto de reglas -las llamadas “reglas del juego”- que permiten la más am­plia y más segura participación de la mayoría de los ciudadanos., ya en forma directa, ya en forma indirecta., en las decisiones políticas, o sea, en las decisiones que interesan a toda la comunidad.

Para que un Estado sea verdaderamente democrático no basta la observancia de estas reglas, pero es suficiente la inobservancia de una de ellas para que no sea democrático (ni verdadera ni aparentemente). Así entendida, la democracia es un procedimiento.

La “regla de la mayoría”

[…] El ideal seria obtener los mejores resultados con los mejores procedimientos. Pero, ¿cuáles son los mejores resultados? La dificultad de saber cuáles son los mejores resultados y poner de acuerdo a cierto número de personas (que pueden ser incluso decenas de millones) entre sí, nos obliga […] a convenir que el mejor resultado es aquel al que se ha llegado con las mejores reglas, la más im­portante de las cuales es, sin duda, la de la mayoría.

Aceptar intervenir en una decisión o una elección que se realiza según la “regla de la mayoría” implica la aceptación de la regla misma como modo de arribar a la decisión o la elección. Dicho de otro modo, quien acepta decidir o elegir según la “regla de la mayoría” ha aceptado no una de­cisión determinada sobre un problema específico (que incluso puede rechazar), ni la representación de una cierta persona (de la cual puede ser enemigo), sino más bien un determinado procedimien­to para la decisión o la elección. Por estas razones, la “regla de la mayoría” es una de las “reglas del juego ” de la democracia política. […]

Los límites de la aplicación de la “regla de la mayoría”

Pero, al mismo tiempo, existen numerosas áreas de la vida social en las cuáles la “regla de la mayoríano es aplicable, porque resulta inadecuada o directamente injusta.

Un criterio para identificar qué puede ser sometido a la regla de la mayoría y qué no, consiste en distinguir entre lo opinable y lo no opinable y, por lo tanto, entre lo que es negociable y lo que no lo es.

Todas las constituciones liberales se caracterizan por la defensa de los derechos del hombre y del ciudadano, a los que denominan “inviolables”: esta inviolabilidad consiste justamente en que esos derechos no se pueden limitar, y mucho menos suprimir, por medio de una decisión colectiva, aun cuando ésta fuera mayoritaria.

Para las sociedades que adoptan estos principios constitucionales, los derechos fundamentales de las personas no están sujetos a opinión y, por lo tanto, tampoco son negociables.

Lo mismo sucede con los valores y los principios éticos de cada persona.

Además de los derechos fundamentales y de los postulados éticos de cada persona, tampoco se pueden decidir por medio del criterio de la mayoría las cuestiones que discuten científicos y técni­cos. Ningún congreso científico estaría dispuesto a dirimir por mayoría la solución de una tesis con­trovertida, aunque estará dispuesto a decidir por mayoría la elección del presidente y la modalidad relativa a la organización del próximo congreso.

Sin duda, también resultan indecidibles por la “regla de la mayoría” las llamadas “cuestiones de conciencia” y entendiéndose por “conciencia”., el tribunal interior, un tribunal en que el único juez es el sujeto mismo que decide según una ley superior —sea ésta la ley de Dios o los principios éticos de cada individuo-. Para dar un ejemplo elemental pero expresivo., se puede someter a referéndum la elección entre monarquía y república, pero no se puede someter a referéndum la elección entre cris­tianismo y ateísmo, entre la obligación de adorar a un Dios o a otro, o de no adorar a ninguno.

Entre los límites de la aplicación de la regla de la mayoría se puede incluir finalmente el que sur­ge de la necesidad de respetar los usos, las costumbres, la lengua y las tradiciones de las minorías ét­nicas, que resultarían eternamente sometidas si se adoptase rígidamente el principio de la mayoría.

 

Dussel, Finocchio y Gojman. Haciendo memoria en el país de nunca más. Bs As EUDEBA. 1997 Pág. 6 a 9

 

Evolución histórica de la problemática democracia-autoritarismo

Hay una tendencia en la sociedad argentina a recurrir a políticas autoritarias que llevadas al extremo terminan en situaciones que ignoran absolutamente las normas jurídicas, morales y sociales. Pero… ¿Qué es autoritarismo? Vale la pena intentar aclararlo

“Se suele llamar autoritario a aquel régimen político que privi­legia el aspecto del mando y menosprecia de forma casi total el consenso, concentrando el poder político en un solo hom­bre o grupo y restando valor a las instituciones representativas. En términos más generales, se habla de ideología autoritaria cuando se trata de una cosmovisión que acentúa el peso de la autoridad y la estructura jerárquica y ordenada de la so­ciedad. Es una ideología de orden, conservadora”.

                                                    Bobbio, N. y Matteuccí, N. “Diccionario de política”. Siglo XXI, México, 1982.

En general, el autoritarismo se contrapone a la noción de demo­cracia. La diferencia entre ambos regímenes pasa por:

                         – cómo se construye y transmite la autoridad;

                         – qué grado de autonomía se le otorga a las instituciones e ideas políticas y culturales que se

                           desarrollan en la sociedad.

Durante el período 1880-1912 un régimen oligárquico excluyó a la mayor parte de la población de la vicia política. Mientras la capacidad de decisión se encontraba en poder de una minoría privilegiada, todos los habitantes sin distinción de nacionalidad tenían limitada su par­ticipación política. La desigualdad política entre los hombres era consi­derada natural. Existía un tuerte distanciamiento entre las élites gober­nantes, que elegían a sus sucesores, y el resto de la sociedad.

En el período 1912-1930 la vida política se democratizó a través de una reforma electoral que garantizó el sufragio universal, masculino y secreto, que permitió la participación ampliada en el marco de un sistema de partidos políticos y que consagró el ascenso político para los sectores medios. Cabe aclarar que la inserción de los partidos políticos en los sectores populares comenzó a extenderse, aunque la influencia del sindicalismo., y especialmente del anarquismo, aún prevalecía entre los sectores trabajadores de la sociedad, que desconfiaban de las orga­nizaciones partidarias.

         Durante el período 1930-1943 las decisiones políticas eran toma­das por grupos acotados que en general no buscaban el consenso de las mayorías. La crisis del sistema democrático se expresaba porque por
primera vez se puso en práctica un golpe de Estado y por el control del electorado a través del fraude y la proscripción de los partidos políti­cos, al punto tal que este período fue denominado «Década Infame».
Al mismo tiempo, las organizaciones políticas no alcanzaban a representar a amplios sectores de una sociedad que se transformaba a través de una industrialización creciente, de migraciones internas y de desa­rrollo urbano.

Entre 1943-1955 los orígenes del peronismo y sus gobiernos representaron importantes transformaciones en el modo tradicional de la participación política. Los sectores populares se constituyeron en un nuevo actor político y, a la vez, muchas decisiones fueron delegadas en un líder, Juan Domingo Perón, que apelaba a formas plebiscitarias de participación, a la movilización popular. Por otro lado, la inserción de los trabajadores en el proyecto global de la sociedad fue acompañada por la consolidación de las organizaciones sindicales como canal de parti­cipación. Otro de los elementos que democratizaron la sociedad en este contexto fue el sufragio femenino, establecido en 1947.

Durante los diez años que transcurren entre 1955-1966 el sistema político se caracterizó por un alto nivel de inestabilidad, por la exclusión del peronismo y por la reiteración del ciclo autoritarismo-democracia. Los procesos económicos, culturales e institucionales no se canalizaron sólo dentro del sistema político, sino que se manifestaron en presiones, resistencias y luchas entre los diferentes sectores sociales. Se fue así confor­mando un sistema político en el que se encontraban, por un lado, los partidos políticos no peronistas y el Congreso y, por otro, grupos or­ganizados de trabajadores y empresarios que presionaban y negocia­ban. Atravesando ambos campos políticos se desarrollaba la lucha peronismo-antiperonismo. Algunos de estos grupos, junto a los milita­res, recurrieron permanentemente a tácticas desestabilizadoras del sis­tema político.

Entre 1966-1973 la Revolución Argentina suspendió por tiem­po indeterminado las actividades de los partidos políticos y de las instituciones parlamentarias. Desde el gobierno se intentó cambiar a la sociedad de cuajo. Al mismo tiempo, la actividad política fue reem­plazada por una administración de técnicos que se situaba por enci­ma de los intereses sectoriales. Sin embargo la inquietud subyacía, y la resistencia al gobierno crecía. En Córdoba, en 1969, se inició un período de movilizaciones y huelgas masivas promovidas por estudiantes universitarios y obreros de la industria automotriz a los que se sumaron otros sectores de la sociedad civil. Estas movilizacio­nes se extendieron a otras ciudades del país.

          A partir de 1973, la figura de Juan Domingo Perón volvió a des­pertar las expectativas de obreros, sectores populares y jóvenes que vie­ron en él la posibilidad de lograr una mayor equidad social y de alcanzar la liberación nacional. También para algunos sectores empresariales Perón representó el símbolo de la estabilidad social. El peronismo constituyó así un amplio y heterogéneo movimiento que no pudo, sin embargo, encauzar las diversas expectativas dentro del sistema político. Esto oca­sionó, junto con la frustración generalizada por la muerte de Perón, la crisis económica a partir de 1975, la polarización ideológica, la debili­dad de los partidos políticos, el terrorismo de derecha encabezado por la Triple A y la intensificación de las acciones guerrilleras, que pusiera en jaque al régimen democrático.

            Durante el período 1976-1983, una nueva autocracia representada por el gobierno de las Fuerzas Armadas se hizo del poder. El objetivo final fue modificar todo el sistema de relaciones sociales. Para lograrlo demolió muchas de las instituciones y organizaciones creadas por el peronismo, aplastó toda oposición política y llevó a cabo una guerra contra los grupos armados de guerrilleros: Montoneros y ERP. Monto­neros constituía una tendencia revolucionaria nacida en el seno del peronismo, que a través de su crítica social basada en la consigna «libe­ración o dependencia», aspiraba a lograr «la patria socialista». De tenden­cia trotskista, el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), la otra gran organización armada, justificaba su lucha en su desconfianza hacia el peronismo y hacia el sistema de partidos. El terrorismo de estado signi­ficó no sólo enfrentar a las acciones guerrilleras sino a toda forma de participación popular en las escuelas, en las fábricas, en los barrios, a toda expresión no conformista en las artes y la cultura, en síntesis, a todo cuestionamiento a la autoridad.

            El período que se inicia en 1983 y aún hoy sigue abierto, se carac­teriza por el retorno a la democracia. Si bien la gran mayoría ha tomado conciencia de la necesidad de mantenerla como marco de convivencia política, aun resta mucho para hacer en lo que respecta a fortalecer el funcionamiento democrático efectivo de las instituciones.

1.       ¿Cuales son las “reglas del juego” en el sistema democrático?

2.       ¿Cómo se explica la democracia como “procedimiento”?

3.       ¿Cuáles son las ventajas de la “regla de la mayoría”?

4.       ¿En qué casos no es aplicable la “regla de la mayoría”?

5.       ¿Por qué se caracteriza el autoritarismo?

6.        Analicen cada período histórico que aparecen en el texto e indiquen si corresponden a un sistema autoritario o a un sistema democrático y fundamenten su respuesta, teniendo en cuenta las características de ambos sistemas anteriormente planteadas.

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