Democracia y autoritarismo en la República Argentina

DEMOCRACIA Y AUTORITARISMO EN LA REPUBLICA ARGENTINA

 

Alonso, Bachman y Correale. Los derechos políticos. La ciudadanía. Bs. As. Troquel. 1999. Pág. 56/57

El régimen político democrático

        El gobierno de un Estado está organiza­do según un régimen político democrático cuando, de acuerdo con el principio de la so­beranía popular, los gobernantes son elegi­dos por los ciudadanos a través del voto en elecciones generales realizadas en el marco de determinadas condiciones.

Para que las autoridades elegidas por los ciudadanos sean legítimas para toda la socie­dad -es decir, para que todos sus integrantes les reconozcan el derecho a mandar y, por lo tanto, estén dispuestos a obedecerlas- es re­quisito que en su elección se respeten ciertas reglas del juego.

1. El Poder Legislativo debe estar com­puesto por miembros elegidos, directa o indi­rectamente, por el pueblo.

2. Además del parlamento a cargo de la función legislativa deben existir otras institu­ciones integradas por funcionarios elegidos (por ejemplo, los intendentes a cargo de la administración municipal y, en el caso de las repúblicas, el presidente a cargo del Poder Ejecutivo).

3. Los electores deben ser todos los ciu­dadanos que hayan alcanzado la mayoría de edad sin distinción de origen étnico, religión, de ingresos, ni de sexo.

4. Todos los electores deben tener igual voto.

5. Todos los electores deben ser libres de votar según su propia opinión formada lo más libremente posible, es decir, en una libre contienda de grupos políticos que compiten por formar la representación nacional.

6. Los electores deben ser libres también en el sentido de que deben estar en condicio­nes de tener opciones reales.

7. Tanto para las elecciones de los represen­tantes como para las decisiones en la elabora­ción de las leyes a cargo del parlamento vale el principio de la mayoría numérica (aunque también pueden ser establecidas otras formas de mayoría para casos especiales, por ejemplo, para la reforma del texto constitucional).

8. Ninguna decisión tomada por la ma­yoría debe limitar los derechos de la minoría, en particular el derecho a convertirse, en igualdad de condiciones, en mayoría.

Todas estas reglas establecen cómo se debe llegar a la decisión política y no qué se debe decidir.

La democracia como procedimiento

Si bien es cierto que el término “democracia” tiene muchas acepciones, es cierto también que tie­ne un significado preponderante. Este significado preponderante es aquel según el cual se entiende por “democracia” un conjunto de reglas -las llamadas “reglas del juego”- que permiten la más am­plia y más segura participación de la mayoría de los ciudadanos., ya en forma directa, ya en forma indirecta., en las decisiones políticas, o sea, en las decisiones que interesan a toda la comunidad.

Para que un Estado sea verdaderamente democrático no basta la observancia de estas reglas, pero es suficiente la inobservancia de una de ellas para que no sea democrático (ni verdadera ni aparentemente). Así entendida, la democracia es un procedimiento.

La “regla de la mayoría”

[…] El ideal seria obtener los mejores resultados con los mejores procedimientos. Pero, ¿cuáles son los mejores resultados? La dificultad de saber cuáles son los mejores resultados y poner de acuerdo a cierto número de personas (que pueden ser incluso decenas de millones) entre sí, nos obliga […] a convenir que el mejor resultado es aquel al que se ha llegado con las mejores reglas, la más im­portante de las cuales es, sin duda, la de la mayoría.

Aceptar intervenir en una decisión o una elección que se realiza según la “regla de la mayoría” implica la aceptación de la regla misma como modo de arribar a la decisión o la elección. Dicho de otro modo, quien acepta decidir o elegir según la “regla de la mayoría” ha aceptado no una de­cisión determinada sobre un problema específico (que incluso puede rechazar), ni la representación de una cierta persona (de la cual puede ser enemigo), sino más bien un determinado procedimien­to para la decisión o la elección. Por estas razones, la “regla de la mayoría” es una de las “reglas del juego ” de la democracia política. […]

Los límites de la aplicación de la “regla de la mayoría”

Pero, al mismo tiempo, existen numerosas áreas de la vida social en las cuáles la “regla de la mayoríano es aplicable, porque resulta inadecuada o directamente injusta.

Un criterio para identificar qué puede ser sometido a la regla de la mayoría y qué no, consiste en distinguir entre lo opinable y lo no opinable y, por lo tanto, entre lo que es negociable y lo que no lo es.

Todas las constituciones liberales se caracterizan por la defensa de los derechos del hombre y del ciudadano, a los que denominan “inviolables”: esta inviolabilidad consiste justamente en que esos derechos no se pueden limitar, y mucho menos suprimir, por medio de una decisión colectiva, aun cuando ésta fuera mayoritaria.

Para las sociedades que adoptan estos principios constitucionales, los derechos fundamentales de las personas no están sujetos a opinión y, por lo tanto, tampoco son negociables.

Lo mismo sucede con los valores y los principios éticos de cada persona.

Además de los derechos fundamentales y de los postulados éticos de cada persona, tampoco se pueden decidir por medio del criterio de la mayoría las cuestiones que discuten científicos y técni­cos. Ningún congreso científico estaría dispuesto a dirimir por mayoría la solución de una tesis con­trovertida, aunque estará dispuesto a decidir por mayoría la elección del presidente y la modalidad relativa a la organización del próximo congreso.

Sin duda, también resultan indecidibles por la “regla de la mayoría” las llamadas “cuestiones de conciencia” y entendiéndose por “conciencia”., el tribunal interior, un tribunal en que el único juez es el sujeto mismo que decide según una ley superior —sea ésta la ley de Dios o los principios éticos de cada individuo-. Para dar un ejemplo elemental pero expresivo., se puede someter a referéndum la elección entre monarquía y república, pero no se puede someter a referéndum la elección entre cris­tianismo y ateísmo, entre la obligación de adorar a un Dios o a otro, o de no adorar a ninguno.

Entre los límites de la aplicación de la regla de la mayoría se puede incluir finalmente el que sur­ge de la necesidad de respetar los usos, las costumbres, la lengua y las tradiciones de las minorías ét­nicas, que resultarían eternamente sometidas si se adoptase rígidamente el principio de la mayoría.

 

Dussel, Finocchio y Gojman. Haciendo memoria en el país de nunca más. Bs As EUDEBA. 1997 Pág. 6 a 9

 

Evolución histórica de la problemática democracia-autoritarismo

Hay una tendencia en la sociedad argentina a recurrir a políticas autoritarias que llevadas al extremo terminan en situaciones que ignoran absolutamente las normas jurídicas, morales y sociales. Pero… ¿Qué es autoritarismo? Vale la pena intentar aclararlo

“Se suele llamar autoritario a aquel régimen político que privi­legia el aspecto del mando y menosprecia de forma casi total el consenso, concentrando el poder político en un solo hom­bre o grupo y restando valor a las instituciones representativas. En términos más generales, se habla de ideología autoritaria cuando se trata de una cosmovisión que acentúa el peso de la autoridad y la estructura jerárquica y ordenada de la so­ciedad. Es una ideología de orden, conservadora”.

                                                    Bobbio, N. y Matteuccí, N. “Diccionario de política”. Siglo XXI, México, 1982.

En general, el autoritarismo se contrapone a la noción de demo­cracia. La diferencia entre ambos regímenes pasa por:

                         – cómo se construye y transmite la autoridad;

                         – qué grado de autonomía se le otorga a las instituciones e ideas políticas y culturales que se

                           desarrollan en la sociedad.

Durante el período 1880-1912 un régimen oligárquico excluyó a la mayor parte de la población de la vicia política. Mientras la capacidad de decisión se encontraba en poder de una minoría privilegiada, todos los habitantes sin distinción de nacionalidad tenían limitada su par­ticipación política. La desigualdad política entre los hombres era consi­derada natural. Existía un tuerte distanciamiento entre las élites gober­nantes, que elegían a sus sucesores, y el resto de la sociedad.

En el período 1912-1930 la vida política se democratizó a través de una reforma electoral que garantizó el sufragio universal, masculino y secreto, que permitió la participación ampliada en el marco de un sistema de partidos políticos y que consagró el ascenso político para los sectores medios. Cabe aclarar que la inserción de los partidos políticos en los sectores populares comenzó a extenderse, aunque la influencia del sindicalismo., y especialmente del anarquismo, aún prevalecía entre los sectores trabajadores de la sociedad, que desconfiaban de las orga­nizaciones partidarias.

         Durante el período 1930-1943 las decisiones políticas eran toma­das por grupos acotados que en general no buscaban el consenso de las mayorías. La crisis del sistema democrático se expresaba porque por
primera vez se puso en práctica un golpe de Estado y por el control del electorado a través del fraude y la proscripción de los partidos políti­cos, al punto tal que este período fue denominado «Década Infame».
Al mismo tiempo, las organizaciones políticas no alcanzaban a representar a amplios sectores de una sociedad que se transformaba a través de una industrialización creciente, de migraciones internas y de desa­rrollo urbano.

Entre 1943-1955 los orígenes del peronismo y sus gobiernos representaron importantes transformaciones en el modo tradicional de la participación política. Los sectores populares se constituyeron en un nuevo actor político y, a la vez, muchas decisiones fueron delegadas en un líder, Juan Domingo Perón, que apelaba a formas plebiscitarias de participación, a la movilización popular. Por otro lado, la inserción de los trabajadores en el proyecto global de la sociedad fue acompañada por la consolidación de las organizaciones sindicales como canal de parti­cipación. Otro de los elementos que democratizaron la sociedad en este contexto fue el sufragio femenino, establecido en 1947.

Durante los diez años que transcurren entre 1955-1966 el sistema político se caracterizó por un alto nivel de inestabilidad, por la exclusión del peronismo y por la reiteración del ciclo autoritarismo-democracia. Los procesos económicos, culturales e institucionales no se canalizaron sólo dentro del sistema político, sino que se manifestaron en presiones, resistencias y luchas entre los diferentes sectores sociales. Se fue así confor­mando un sistema político en el que se encontraban, por un lado, los partidos políticos no peronistas y el Congreso y, por otro, grupos or­ganizados de trabajadores y empresarios que presionaban y negocia­ban. Atravesando ambos campos políticos se desarrollaba la lucha peronismo-antiperonismo. Algunos de estos grupos, junto a los milita­res, recurrieron permanentemente a tácticas desestabilizadoras del sis­tema político.

Entre 1966-1973 la Revolución Argentina suspendió por tiem­po indeterminado las actividades de los partidos políticos y de las instituciones parlamentarias. Desde el gobierno se intentó cambiar a la sociedad de cuajo. Al mismo tiempo, la actividad política fue reem­plazada por una administración de técnicos que se situaba por enci­ma de los intereses sectoriales. Sin embargo la inquietud subyacía, y la resistencia al gobierno crecía. En Córdoba, en 1969, se inició un período de movilizaciones y huelgas masivas promovidas por estudiantes universitarios y obreros de la industria automotriz a los que se sumaron otros sectores de la sociedad civil. Estas movilizacio­nes se extendieron a otras ciudades del país.

          A partir de 1973, la figura de Juan Domingo Perón volvió a des­pertar las expectativas de obreros, sectores populares y jóvenes que vie­ron en él la posibilidad de lograr una mayor equidad social y de alcanzar la liberación nacional. También para algunos sectores empresariales Perón representó el símbolo de la estabilidad social. El peronismo constituyó así un amplio y heterogéneo movimiento que no pudo, sin embargo, encauzar las diversas expectativas dentro del sistema político. Esto oca­sionó, junto con la frustración generalizada por la muerte de Perón, la crisis económica a partir de 1975, la polarización ideológica, la debili­dad de los partidos políticos, el terrorismo de derecha encabezado por la Triple A y la intensificación de las acciones guerrilleras, que pusiera en jaque al régimen democrático.

            Durante el período 1976-1983, una nueva autocracia representada por el gobierno de las Fuerzas Armadas se hizo del poder. El objetivo final fue modificar todo el sistema de relaciones sociales. Para lograrlo demolió muchas de las instituciones y organizaciones creadas por el peronismo, aplastó toda oposición política y llevó a cabo una guerra contra los grupos armados de guerrilleros: Montoneros y ERP. Monto­neros constituía una tendencia revolucionaria nacida en el seno del peronismo, que a través de su crítica social basada en la consigna «libe­ración o dependencia», aspiraba a lograr «la patria socialista». De tenden­cia trotskista, el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), la otra gran organización armada, justificaba su lucha en su desconfianza hacia el peronismo y hacia el sistema de partidos. El terrorismo de estado signi­ficó no sólo enfrentar a las acciones guerrilleras sino a toda forma de participación popular en las escuelas, en las fábricas, en los barrios, a toda expresión no conformista en las artes y la cultura, en síntesis, a todo cuestionamiento a la autoridad.

            El período que se inicia en 1983 y aún hoy sigue abierto, se carac­teriza por el retorno a la democracia. Si bien la gran mayoría ha tomado conciencia de la necesidad de mantenerla como marco de convivencia política, aun resta mucho para hacer en lo que respecta a fortalecer el funcionamiento democrático efectivo de las instituciones.

1.       ¿Cuales son las “reglas del juego” en el sistema democrático?

2.       ¿Cómo se explica la democracia como “procedimiento”?

3.       ¿Cuáles son las ventajas de la “regla de la mayoría”?

4.       ¿En qué casos no es aplicable la “regla de la mayoría”?

5.       ¿Por qué se caracteriza el autoritarismo?

6.        Analicen cada período histórico que aparecen en el texto e indiquen si corresponden a un sistema autoritario o a un sistema democrático y fundamenten su respuesta, teniendo en cuenta las características de ambos sistemas anteriormente planteadas.

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